Archivo | agosto, 2010

Despiadados

31 Ago

Fuentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) han tenido acceso a la conversación privada entre los directivos de Telefónica (a.k.a. Movistar) y el que más mea en Facebook, o sea, el niño prodigio Mark JoselitoZuckerberg, después de que la primera se cebara con la Red Social de más éxito en el mundo por excederse con el uso de la tarifa plana.

Voy a compartir con ustedes lo mejor del diálogo cruzado tras caerse el servidor de Facebook:

Telefónica: Zuckerberg, vas a tener que pagar por todas tus granjitas. Nos has llenado las líneas de caca de la vaca.”
Mark Zuckerberg: “No te pases, tío. Prometo no mejorar la privacidad de los usuarios si me devuelves la conexión.”
Telefónica: “Entonces repite tres veces en alto: Señoras q no harán más llamadas perdidas.”

Mark Zuckerberg, en plena súplica

Hasta el momento Facebook sigue estando inactivo, aunque se cree que Zuckerberg puede estar preparando su acción definitiva: hacer click en “ya no me gusta” Movistar.

Les mantendré informado.

MicroGauchada (I)

31 Ago

Érase una vez un niño que leyó un diario imparcial y…

… ¡Mierda! ¡Me atraganté con las perdices!

FIN

Descubrimiento

29 Ago

Siento mis manos. ¡Qué extraño! Puedo mover los dedos perfectamente. Aprovecho para tocarme la nariz, las orejas, el pelo… Todo sigue en su sitio. Bueno, de acuerdo. Pelo cada vez queda menos, pero no tiene nada que ver con esto.

Abro los ojos y observo mi habitación a través de la poca luz que se cuela por el cristal. Ay, esa manía de dormir con la puerta de la terraza abierta para oír el mar. ¡Claro que entonces también puedo escuchar sin problema!

Aprovecho para mover también los deditos de mis pies. ¡Sí, están ahí! Y responden correctamente. Desde el más pequeño hasta el ‘cabezón‘. Cualquier día de estos decido tocar el piano sin zapatos.

Hablo en voz alta. Parece que se me escucha perfectamente. Grito: ¡¡¡Holaaaa!!!. Ups. Mi vecino me manda a callar.

Definitivamente tengo que reconocer que mi madre tiene toda la razón del mundo. No pasa absolutamente nada por no salir de fiesta un sábado.

Mi Vida en Argentina

28 Ago

Para los que entran aquí y ven que el blog ‘se vació’, les explico que simplemente hice un ‘traspaso a este blog (que podrías leer, eh?):

Como comento en este enlace, es una etapa que se cerró. Un sueño hermoso, cumplido, pero que ahora deja paso a otra historia.

Vuelven las ganas de contar cosas y para eso lo mejor es empezar de cero, asumiendo el vértigo que da el ‘papel en blanco’ y la falta de ritmo. Pero ese miedito se vence con la enorme ilusión por volver a escribir.

Bienvenidos.

Diario de una vida. O de otra.

25 Ago
Nací a la temprana edad de 14 años. Hasta entonces sólo se había dado un caso similar, el de Florinda Chico, que ya al nacer contaba con 72 años. Eso sí, los mantuvo durante los siguientes 68 sin perder jamás su sonrisa. La guardaba siempre sobre su mesita de noche.

Florinda Chico, una gran señora
En el momento del Bautismo mi padre tuvo una gran corazonada:
– Deberíamos llamarlo Miguel Induráin. Tiene toda la pinta de que va a ser un gran jugador de Tenis.

Sin embargo, mi madre, por llevar la contraria, decidió que me llamaría Javier y que jamás vería Verano Azul. Y es que en aquella época era ella la que llevaba los pantalones. Eso motivó que mi padre fuera expulsado de la Iglesia, justo antes de que le dieran una hostia.

Mi infancia precedió a mi adolescencia. Después de un tiempo alcancé mi juventud. En ese tiempo conseguí dejar de ser virgen. Le dieron el papel a mi compañero de pupitre.

Luego, a los 32, convencido de la importancia de labrarme un próspero futuro, fui a la Escuela de Ingeniería. Tardé casi dos años en llegar. Ya por entonces había aprobado mi última asignatura. Copiándome, claro. Copiándome, claro. Copiándome, claro. Copiándome, claro.

Por el camino fui incapaz de rellenar un solo Sudoku de nivel medio con las bolas del bingo de mi tía Carmen. El resto de mi vida seguí siempre en la misma línea.

Hoy tengo 35 años, aunque perfectamente podría ser más viejo que Florinda.

Te invito a que me acompañes a dibujar mi camino. También podríamos inventarnos otro.