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Descubrimiento

29 Ago

Siento mis manos. ¡Qué extraño! Puedo mover los dedos perfectamente. Aprovecho para tocarme la nariz, las orejas, el pelo… Todo sigue en su sitio. Bueno, de acuerdo. Pelo cada vez queda menos, pero no tiene nada que ver con esto.

Abro los ojos y observo mi habitación a través de la poca luz que se cuela por el cristal. Ay, esa manía de dormir con la puerta de la terraza abierta para oír el mar. ¡Claro que entonces también puedo escuchar sin problema!

Aprovecho para mover también los deditos de mis pies. ¡Sí, están ahí! Y responden correctamente. Desde el más pequeño hasta el ‘cabezón‘. Cualquier día de estos decido tocar el piano sin zapatos.

Hablo en voz alta. Parece que se me escucha perfectamente. Grito: ¡¡¡Holaaaa!!!. Ups. Mi vecino me manda a callar.

Definitivamente tengo que reconocer que mi madre tiene toda la razón del mundo. No pasa absolutamente nada por no salir de fiesta un sábado.