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¡Nos mudamos!

26 May

Este blog ya no está aquí. Ahora está aquí. ¡Nos fuimos!

 

 

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Retomando el blog

26 Abr

retomar.

 1. tr. Volver a tomar, reanudar algo que se había interrumpido.

2. tr. Póngase a trabajar, gandul.

3. tr. Mejor te diera vergüenza.

4. tr. ¡Pues eso! ¡Que volvemos!

Cine del ‘güeno’

4 Feb

El Gaucho Films presenta: “Pánico en la ITV“.

Una ‘pinícula‘ de esas en las que no puedes dejar de pagar y pagar…

Gauchoreflexión (II)

21 Dic

Acaba de llegar un tipo a desinsectar mi casa y me he tenido que ir yo. ¡Pues sí que son eficaces!

Mi Vida en Argentina

28 Ago

Para los que entran aquí y ven que el blog ‘se vació’, les explico que simplemente hice un ‘traspaso a este blog (que podrías leer, eh?):

Como comento en este enlace, es una etapa que se cerró. Un sueño hermoso, cumplido, pero que ahora deja paso a otra historia.

Vuelven las ganas de contar cosas y para eso lo mejor es empezar de cero, asumiendo el vértigo que da el ‘papel en blanco’ y la falta de ritmo. Pero ese miedito se vence con la enorme ilusión por volver a escribir.

Bienvenidos.

Diario de una vida. O de otra.

25 Ago
Nací a la temprana edad de 14 años. Hasta entonces sólo se había dado un caso similar, el de Florinda Chico, que ya al nacer contaba con 72 años. Eso sí, los mantuvo durante los siguientes 68 sin perder jamás su sonrisa. La guardaba siempre sobre su mesita de noche.

Florinda Chico, una gran señora
En el momento del Bautismo mi padre tuvo una gran corazonada:
– Deberíamos llamarlo Miguel Induráin. Tiene toda la pinta de que va a ser un gran jugador de Tenis.

Sin embargo, mi madre, por llevar la contraria, decidió que me llamaría Javier y que jamás vería Verano Azul. Y es que en aquella época era ella la que llevaba los pantalones. Eso motivó que mi padre fuera expulsado de la Iglesia, justo antes de que le dieran una hostia.

Mi infancia precedió a mi adolescencia. Después de un tiempo alcancé mi juventud. En ese tiempo conseguí dejar de ser virgen. Le dieron el papel a mi compañero de pupitre.

Luego, a los 32, convencido de la importancia de labrarme un próspero futuro, fui a la Escuela de Ingeniería. Tardé casi dos años en llegar. Ya por entonces había aprobado mi última asignatura. Copiándome, claro. Copiándome, claro. Copiándome, claro. Copiándome, claro.

Por el camino fui incapaz de rellenar un solo Sudoku de nivel medio con las bolas del bingo de mi tía Carmen. El resto de mi vida seguí siempre en la misma línea.

Hoy tengo 35 años, aunque perfectamente podría ser más viejo que Florinda.

Te invito a que me acompañes a dibujar mi camino. También podríamos inventarnos otro.